Por: Tonatiuh Escorcia
En el vasto océano de la animación contemporánea, pocas películas logran lo que Flow consigue: transformar el silencio en una sinfonía de emociones y la naturaleza en un personaje tan imponente como cualquier ser humano. Dirigida por el letón Gints Zilbalodis, esta obra sin diálogos es una travesía tan filosófica como visualmente impactante, consolidando al cineasta como una de las voces más innovadoras en la animación europea.
La historia sigue a un gato negro, un protagonista sin nombre ni voz que se ve obligado a navegar un mundo postapocalíptico devastado por el agua. En una improvisada arca, convive con otros animales, cada uno con sus propios instintos y conflictos. La ausencia de palabras no es una limitación, sino una elección narrativa que amplifica la universalidad del relato: la supervivencia, la convivencia y el miedo a lo desconocido no necesitan traducción.
Si hay algo que define a Flow, es su apuesta estética. Zilbalodis, quien ya había demostrado su destreza en Away (2019), vuelve a emplear animación 3D minimalista, pero con una profundidad que sorprende. Cada fotograma parece una pintura en movimiento: cielos nublados, aguas inquietantes y una paleta de colores que cambia conforme el viaje del protagonista se vuelve más incierto.
El uso del sonido es magistral. La música, compuesta por Krists Krūskops, adopta un tono new age que refuerza la sensación de introspección. No hay diálogos ni efectos sonoros superfluos, solo el vaivén del agua, el crujir de la madera y la respiración de los animales, creando una experiencia sensorial hipnótica.
Aunque su trama pueda parecer sencilla, Flow es una metáfora de la condición humana. El gato negro no es solo un felino: es un símbolo de la individualidad, de la lucha contra el instinto de aislamiento y la necesidad de aprender a confiar en los demás. Cada animal en su balsa representa una faceta de la convivencia: el conflicto, la cooperación, la desconfianza y la esperanza.
En tiempos donde el cine animado tiende a sobrecargar con diálogos explicativos y tramas hiperactivas, Flow apuesta por la contemplación y el minimalismo, recordándonos que la emoción más pura no necesita palabras.
Un Futuro Brillante para la Animación Independiente
Flow ha sido celebrada en festivales y reconocida en los Globos de Oro, además de haber conseguido una doble nominación al Oscar como Mejor Película Animada y Mejor Película Internacional. No es un logro menor para una producción independiente que se aparta de los cánones comerciales del género.
Gints Zilbalodis ha demostrado que la animación no necesita estar ligada exclusivamente a lo infantil o lo comercial. Su obra es cine puro, un recordatorio de que las mejores historias pueden contarse con imágenes y sonidos, sin necesidad de palabras.
Flow no solo es una joya de la animación, sino una película que invita a la introspección, a la conexión con nuestro entorno y a la búsqueda de nuestra propia "corriente". Una travesía inolvidable que, como toda gran obra de arte, deja su marca en el espectador mucho después de que los créditos han terminado.
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