Por: Tonatiuh Escorcia
Con Bugonia, Yorgos Lanthimos vuelve a demostrar por qué es uno de los cineastas más importantes del cine contemporáneo. Su mirada es incómoda, cruel por momentos, pero profundamente lúcida. Lanthimos no filma para tranquilizar al espectador; filma para sacudirlo, para obligarlo a mirar una realidad que preferimos ignorar.
La película juega todo el tiempo con nuestra percepción. Al inicio, Bugonia nos invita a ver a sus personajes —en especial al líder del grupo, los dos primos— como estúpidos, ridículos, incluso peligrosamente ingenuos. Jesse Plemons encarna a este personaje de forma tan convincente que uno mismo cae en la trampa: pensamos que está loco, que es víctima de su paranoia… hasta que poco a poco la película nos da la vuelta y nos obliga a aceptar una idea inquietante: tal vez no estaba tan equivocado.
Y ahí está una de las grandes virtudes del filme. Bugonia no afirma que las teorías de conspiración sean reales, pero tampoco las descarta con soberbia. Lo que hace es mucho más interesante: nos coloca frente a una sociedad completamente inmersa en pantallas, estímulos, discursos fragmentados y verdades a medias, y nos lanza una idea tan simple como perturbadora:
todo lo que es posible...es posible.
Emma Stone pasó de comedia ligera a la mejor actriz contemporánea
Hablar de Bugonia es hablar del mejor trabajo en la carrera de Emma Stone a mi muy personal percepción. Su evolución como actriz es impresionante. Resulta inevitable recordar sus inicios en comedias juveniles y estúpidas como Superbad, pasar por el cine romántico y cursi de La, La, Land, y ver cómo, película a película, Stone fue rompiendo con esa imagen para convertirse en una actriz seria, arriesgada y profundamente inteligente.
En Bugonia, Stone está en completo control. No necesita exagerar ni seducir al espectador. Su actuación es precisa, incómoda, afilada. Cada gesto parece calculado, cada silencio dice más que un diálogo completo. Hoy por hoy, Emma Stone no solo es una gran actriz: es, sin duda, la mejor actriz contemporánea, y esta película lo confirma de manera contundente.
Por otra parte, el crecimiento de Jesse Plemons es igual de notable que el de Emma. Lo conocimos en papeles secundarios memorables, desde Breaking Bad, donde ya mostraba una capacidad inquietante para incomodar, hasta trabajos recientes como Civil War, donde volvió a demostrar su fuerza actoral en 10 minutos a cuadro.
Con Lanthimos, Plemons ha encontrado el terreno ideal. En Bugonia ofrece una actuación extraordinaria: incómoda, contenida, perturbadora. Su personaje comienza siendo el blanco de nuestra burla y termina convirtiéndose en el centro moral de la película. Plemons logra algo muy difícil: que el espectador pase del desprecio a la duda, y de la duda a la inquietud.
No es exagerado decirlo: Jesse Plemons es hoy el actor que merece el próximo Oscar. En Bugonia conviven el mejor actor y la mejor actriz del cine actual, y ambos están aquí, compartiendo pantalla. Hay además una guerra de actuación evidente entre Jesse Plemons y Emma Stone, una tensión actoral que enriquece la película en cada escena que comparten. Para mi gusto, Plemons “gana” ese duelo, no porque sea mejor actor que Stone, sino porque el personaje así lo permite. Lanthimos le concede un arco más provocador, más incómodo y más expuesto, y Plemons lo aprovecha con inteligencia absoluta.
Bugonia es una sátira feroz, una crítica social disfrazada de delirio, una película que se ríe de nosotros mientras nos señala. Lanthimos nos recuerda que vivimos rodeados de pantallas, teorías, miedos y certezas frágiles, y que a veces el problema no es que alguien esté loco, sino que la realidad es mucho más absurda de lo que queremos aceptar.
Incómoda, inteligente y provocadora, Bugonia no pretende darte respuestas, pero sí dejarte pensando mucho después de que termina. Y eso, hoy en día, ya es un logro enorme.
Bugonia es una película que puedes odiar profundamente, que puede parecerte estúpida o desesperante, o que puedes experimentar como una auténtica obra de arte del cine contemporáneo. No hay punto medio: Lanthimos no busca consenso, busca reacción.
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